Con la llegada del verano, una de las preguntas que más recibimos en consulta es: ¿qué protector solar debo utilizar?
Lo primero que me gusta explicar es que la protección solar no empieza ni termina con una crema. De hecho, la mejor fotoprotección es aquella que combina diferentes estrategias para reducir la exposición excesiva al sol.
La protección solar va mucho más allá de la crema
Cuando hablamos de proteger nuestra piel, disponemos de muchas herramientas:
- Evitar las horas centrales del día.
- Buscar la sombra siempre que sea posible.
- Utilizar sombrillas.
- Llevar sombreros o gorras.
- Usar gafas de sol homologadas.
- Proteger la piel con ropa adecuada.
Sin embargo, cuando vamos a estar expuestos al sol durante periodos prolongados, el uso de fotoprotector sigue siendo una herramienta fundamental para prevenir quemaduras, fotoenvejecimiento y cáncer de piel.
El sol también tiene beneficios

En los últimos años ha surgido un debate que a menudo se plantea de forma demasiado simplista: ¿el sol es bueno o es malo?
La realidad es que ambas afirmaciones son incompletas.
El ser humano ha evolucionado expuesto al sol y la luz solar desempeña funciones importantes en nuestra salud. Una exposición moderada y razonable puede contribuir a:
- La síntesis de vitamina D.
- La regulación de los ritmos circadianos y del sueño.
- La mejora del estado de ánimo.
- La regulación hormonal.
- El bienestar físico y mental.
Además, pasar tiempo al aire libre suele asociarse a hábitos saludables como caminar, hacer ejercicio o conectar con la naturaleza.
Pero reconocer los beneficios del sol no significa ignorar sus riesgos.
Sabemos con certeza que la exposición excesiva y acumulada a la radiación ultravioleta favorece:
- El envejecimiento prematuro de la piel.
- Las manchas.
- La pérdida de elasticidad.
- El daño en el ADN celular.
- El cáncer de piel.
Por eso, desde una visión integrativa, el objetivo no es tener miedo al sol ni esconderse de él, sino aprender a relacionarnos con él de forma inteligente.
¿Qué es una protección solar inteligente?

La protección solar inteligente consiste en adaptar nuestras medidas de protección al contexto y al nivel de exposición.
No es lo mismo:
- Tomar un café en una terraza a las nueve de la mañana.
- Dar un paseo de veinte minutos por la ciudad.
- Pasar seis horas en la playa.
- Hacer senderismo en alta montaña.
- Navegar o practicar deportes acuáticos.
La cantidad de protección necesaria será diferente en cada situación.
Desde un punto de vista integrativo, buscamos evitar tanto los extremos de la sobreexposición como los del miedo irracional al sol.
La clave está en exponerse de forma razonable, evitando las quemaduras y el daño acumulado.
¿Qué tipos de filtros solares existen?
Actualmente podemos clasificar los filtros solares en tres grandes grupos.
1. Filtros minerales o físicos
Son los que contienen ingredientes como:
- Óxido de zinc.
- Dióxido de titanio.
Actúan reflejando y dispersando parte de la radiación solar.
Son especialmente interesantes en:
- Niños pequeños.
- Embarazadas.
- Personas con rosácea.
- Pieles muy sensibles o reactivas.
Tradicionalmente dejaban una capa blanca visible, aunque las formulaciones actuales han mejorado mucho.
2. Filtros químicos u orgánicos
Son moléculas capaces de absorber la radiación ultravioleta y transformarla en una energía inocua para la piel.
Permiten texturas más ligeras, transparentes y cosméticamente elegantes.
La mayoría de los protectores modernos combinan varios filtros químicos para conseguir una protección amplia frente a UVA y UVB.
3. Filtros mineralizados o nanosomados
En los últimos años han aparecido formulaciones que utilizan partículas minerales micronizadas o nanopartículas para mejorar la cosmética del producto.
Esto permite mantener las ventajas de los filtros minerales reduciendo el efecto blanquecino.
La preocupación habitual es si estas nanopartículas pueden atravesar la piel. La evidencia científica disponible indica que, en piel sana, las nanopartículas de óxido de zinc y dióxido de titanio permanecen principalmente en la superficie cutánea y no penetran en cantidades significativas.
Por ello, actualmente se consideran seguras en los productos autorizados por las agencias reguladoras.
¿Qué recomiendo desde una dermatología integrativa?
Mi objetivo es encontrar un equilibrio entre eficacia, seguridad y comodidad de uso.
Si un protector solar es excelente pero resulta desagradable y nadie se lo aplica, no sirve de nada.
Por eso suelo priorizar:
Primera opción
Fotoprotectores minerales o combinaciones donde predominen filtros minerales.
Segunda opción
Fotoprotectores con filtros químicos modernos, bien estudiados y con un perfil de seguridad muy favorable.
¿Qué filtros químicos suelo preferir?
Aunque ningún filtro autorizado ha demostrado ser perjudicial para la salud humana en las condiciones normales de uso, algunos cuentan con mejores perfiles toxicológicos y medioambientales.
Entre los filtros que suelo valorar positivamente se encuentran:
- Bis-Ethylhexyloxyphenol Methoxyphenyl Triazine (Tinosorb S).
- Methylene Bis-Benzotriazolyl Tetramethylbutylphenol (Tinosorb M).
- Diethylamino Hydroxybenzoyl Hexyl Benzoate (Uvinul A Plus).
- Ethylhexyl Triazone (Uvinul T150).
- Iscotrizinol.
- Polysilicone-15.
Son filtros modernos, muy fotostables y con excelente protección UVA y UVB.
¿Qué filtros intento evitar cuando existen alternativas?
No porque hayan demostrado causar daño en humanos, sino porque son los que más controversia han generado por cuestiones medioambientales o por estudios experimentales.
- Oxybenzone (Benzophenone-3).
- Octinoxate (Ethylhexyl Methoxycinnamate).
- Octocrylene.
- Homosalate.
Si encuentro un producto igual de eficaz que no los contiene, suelo inclinarme por la alternativa.

¿Y qué ocurre con los disruptores endocrinos?
Este es uno de los temas que más preocupación genera actualmente.
Algunos filtros solares han mostrado actividad hormonal en estudios celulares o animales realizados con dosis muy superiores a las que recibe una persona al utilizar un fotoprotector.
Sin embargo, hasta la fecha no existe evidencia sólida que demuestre que el uso habitual de protectores solares provoque alteraciones hormonales clínicamente relevantes en humanos.
Por tanto, el mensaje debe ser equilibrado:
- No existe evidencia para recomendar dejar de usar protector solar.
- Sí podemos optar por filtros minerales o filtros químicos más modernos cuando sea posible.
- La protección frente al daño solar sigue siendo prioritaria.
Mi recomendación práctica
Si tuviera que resumirlo en pocas frases:
- Disfruta del sol, porque también tiene beneficios para la salud.
- Evita las quemaduras y la exposición excesiva.
- Utiliza ropa, gorra, gafas y sombra siempre que puedas.
- Prioriza filtros minerales en niños y pieles sensibles.
- Si eliges filtros químicos, busca fórmulas modernas y fotostables.
- Reaplica el fotoprotector cuando sea necesario.
- Recuerda que ninguna crema permite exponerse al sol durante horas sin consecuencias.
La relación saludable con el sol no consiste en evitarlo ni en exponerse sin límites. Consiste en encontrar un equilibrio. En IMDA defendemos una fotoprotección inteligente, basada en la evidencia científica, el sentido común y una visión integral de la salud que nos permita disfrutar del verano mientras cuidamos nuestra piel desde fuera y también desde dentro.